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LA ASTUTA SERPIENTE
Una serpiente se propuso mejorar su vida y se encaminó en busca de un mejor trabajo.
Llegó a un lugar donde muchas ranas disputaban como un trofeo la ambición de ser la jefe de la manada. Observó con detalle, la revuelta que causaban por asumir el liderazgo; y sin perder más tiempo, se propuso entrar en competencia, y ganar con hidalguía, la disputa del ambicionado cargo.
La serpiente se arrastró largo trecho y encontró a un cocodrilo. Comentó el hecho, y le pidió que interceda, ante el grupo, para que ella, sea la dirigente.
El cocodrilo, después de tantas súplicas, aceptó ayudarlo, y juntos se dirigieron a las ranas, diciéndoles:
__ Desde hoy, la serpiente será su jefe. El respeto y la obediencia a sus órdenes, serán los pilares que identifican al grupo.
La rana más osada y antigua se levantó y protestó:
__ ¡Ningún extraño puede entrar a nuestra casa a dictar órdenes atropellando nuestros derechos!
__ ¡Bravo! ___ dijeron todos, a una misma voz; parecía que las larvas hacían más bulla que los batracios. Todas protestaron.
El cocodrilo con la serpiente no sabían qué hacer. Salieron en busca de ayuda. Nadie se prestaba a oír tanto descontento y protesta que reinaban en aquel lugar.
Luego, acudieron al rey de los animales acuíferos, la ballena; y ésta, decidió que se quedara como amo del grupo, a su amiga, la serpiente, amiga también del cocodrilo.
Muchas de las ranas, expresando su descontento y malestar, se fugaron a otros grupos. La serpiente se quedó con unas cuentas ranas, con las que discutía de continuo.
“EL HOMBRE, A MERCED DE UN SERVICIO, SE ARRASTRA COMO LA SERPIENTE”.
Lic. Ancelmo Padilla Calle
LA HONRADEZ
Carlos era un robusto niño de ojos luminoso, cabello rizado inquieto, que despertaba la admiración de los vecinos, sus padres se sentían orgullos de él, vivían en un hermoso pueblo de la Región Amazonas disfrutando de las bondades de la naturaleza.
A los seis años ingresó a una escuelita rural, en su primer día de clase regresó a casa con un lápiz nuevo que sus padres no le habían comprado, ellos observaron pero nadie le dijo nada.
Al día siguiente trajo una caja de pinturas y se puso a dibujar y pintar su ficha de trabajo. Sus padres observaron pero ninguno le dijo nada.
La siguiente semana trajo un libro de cuentos. _ ¿Y ese libro?_ le preguntó el papá_, me ha prestado un amigo_ respondió. Pero nadie averiguó más.
El siguiente mes apareció con una cartuchera nueva. –Me la he encontrado –informó. Pero nadie pregunto más.
Los siguientes años seguía cogiendo las cosas de sus compañeros y para sus padres era natural que utilizara objetos que ellos no le compraban.
Carlos creció y llegó a ser un jovencito astuto y divertido. Un día cuando el sol empezaba a ocultarse por el horizonte arranchó una cartera a una anciana que con dificultad caminaba por la acera, nuevamente sus padres no preguntaron de donde apareció ese dinero.
Con el tiempo se volvió un asaltante de carreteras con ese dinero organizaba fiestas, hacía invitaciones a sus amigas y consumían diferentes licores, compraba la ropa de moda, celulares de última generación. Un día apareció con una moto y dijo a sus padres que se ha sacado en una rifa. Sus padres se alegraron mucho. “Mi hijo es un bendecido”. Tiene una suerte grande ¡llegará muy lejos!” La mamá no se equivocó, “¡llegó muy lejos!”: pronto lo atraparon asaltando a un ómnibus de la empresa “CIAL” y fue a prisión por muchos años.
Cuando salió del presidio, sus padres fueron a recibirlo para retornar nuevamente a casa. El hijo se enfrentó a sus padres y les reprochó: _Ustedes son los únicos culpables, para que haya pasado los mejores años de mi vida en prisión, por no enseñarme a ser honrado, sino más bien me consintieron que lleve a casa desde niño objetos que no me pertenecían.
Lic. Claribel Chasquibol Calongos
Prof. Iris Violeta Villegas Hernández
MI TARDANZA
Era la 1.30 de la tarde y todos nos encontrábamos ingresando por el portón del colegio. El profesor de historia, _alegre y de bigote escotado_, nos aventajó a la mayoría; pero tras observarlo que ingresó a la Dirección, instintivamente_ a la velocidad de un viento_, concluimos estáticos en cada uno de nuestros asientos, ante la presencia del maestro.
De pronto se escuchó una apagada vocecita que desde la puerta nos llamó la atención:
_ ¡Profesor! ¿Puedo ingresar?
_ ¡Claro que sí! ¡Adelante!_contestó con tono armónico el profesor. Luego se puso de pie, arregló la postura de sus pantalones, avanzó dos largos pasos y se detuvo a la altura de la pizarra acariciando su bigote; en seguida se acercó discretamente al recién llegado y así se deshiló el siguiente diálogo:
_ ¿Se puede saber cuál es la razón de tu reincidente tardanza?
_ Verá profesor…_un manantial de lágrimas humedecieron su rostro que le impidieron seguir…
_ Habla muchacho, habla. No me tengas recelos.
_ Tengo que cuidar a mi hermanito Juan. A él lo recojo del Jardín a las 12.00 en punto. Mi madre trabaja y padre no tenemos…Luego le sirvo su almuerzo y tras esperar que termine, lo llevo a encargarlo en la vecina de a lado; entonces, con algunos minutos sobre la hora, recién puedo venir al colegio.
_ De veras que lo siento mucho, Manuelito_, le replicó con un tono quebrado el maestro; sin embargo, ante el incontenible llanto del niño Manuelito, se desató un inmenso silencio en toda la clase. El profesor tras verse invadido de esa ola de tristeza, lo apabulló entre sus brazos y con dulces palabras entre su oído, empezó a reanimarlo.
_ No tienes de qué avergonzarte_ le replicó un compañero desde el fondo.
_ Tú serás nuestro verdadero ejemplo del aula_ agregó otro desde el centro…en seguida se levantó otro y otro, por consiguiente todos sus compañeros estaban de pie para aplaudirle su valeroso trabajo; de pronto se le vio brotar de sus labios en una leve sonrisa muchas palabras de agradecimiento y en un sol de alegría se petrificó la necesidad de amanecer muchos lunes de esperanza.
Mag. Jorge Espinoza Fernández
NIÑA MIEDOSA
Ésta era una niña que todos los días jugaba junto al árbol de su casa, su carita rosada parecía llenarse de espanto, cuando oía graznar a los gansos; la niña era frágil como el pétalo de una rosa.
Una tarde se quedó sola, y no oyó a los gansos, ella pensó que éstos se habían marchado para nunca más volver; pero ellos solo se fueron a dar un paseo en las frescas aguas del lago.
La niña llamada Carlita, salía todas las mañanas a jugar con su pelota y una muñequita de trapo, ésos eran los juguetes que a ella más le gustaban. Acompañada de ellos disfrutaba cada mañana su juego.
Su madre que a veces jugaba con ella como una niña, le decía:
__No te alejes mucho, porque te vayas a caer al lago donde están los gansos.
La niña como tenía miedo no se alejaba; sólo los miraba de lejos.
Carlita pasaba muchos días jugando, muy cerca al lago, hasta que en un momento desesperado, su pelota rodó hacia el lago, y en su deseo de ir a recogerla, se cayó hundiéndose en el agua. La niña desesperada gritaba:
__¡ Auxilio! ¡Auxilio mamá! ¡Mamá auxilio!
La madre no la escuchaba. De pronto apareció un ganso, la levantó sobre sus alas y la llevó a las orilla mientras le decía:
__ No tengas miedo niña, porque nosotros somos tus amigos y los amigos no se hacen daño, por el contrario, estamos para cuidarnos y protegernos por siempre.
La madre, contemplaba desde lejos, y con una emoción muy grande, irrumpió a llorar, sabiendo que su niña, quedó a salvo, por la generosa actitud de tan noble animal.
Lic. Doris Marilú Ugaz Montenegro
Creado por Jorge Espinoza Fernánadez
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