VOCES DEL SHIPAGO

Boletín Virtual Literario Cultural Asociación Literaria Cultural Todas las Sangres - Utcubamba

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05.11.08

UN VIAJECITO DE DOS DÍAS (1° parte)

Gran parte de estudiantes que ya conocían a la Balsa, solicitaron a sus maestros que les llevaran a conocer territorio ecotoriano. Los tutores llamaron a los padres de familia, explicaron el lugar al que querían ir sus hijos y también la importancia de estas actividades; se debatió la forma de financiarlo y con la opinión favorable de casi todo los asistentes, se resolvió aprobar el paseo.

El tradicional viaje solía realizarse con todo el alumnado del colegio, desde hace años; pero esta vez por razones económicas lo decidió sólo cuarto y quinto, con gran alborozo. Mirian la más destacada de la sección de quinto, no podía viajar por la oposición rotunda de su padre; pero faltando un día para el esperado paseo, cambiaron las decisiones.

__¡Señor Aurelio! ¡Qué milagro por el colegio! __,le dijo el profesor aquella mañana.
__He tomado otra decisión con respecto al viajecito de dos días.
__¡Y bueno! ¿Qué conclusión nos trae?
__Sí viajará mi hija, profesor Armando, pero si acepta que
vaya con ella.
__¡Qué ocurrencia señor Aurelio! ...Por mi parte no hay ningún problema y de hecho por los demás viajeros; es más, Mirian y usted viajarán en los asientos de la cabina.
__Cuánto le agradezco profesor Ausberto.
__No tiene por qué hacerlo. Estoy seguro que Mirian se mostrará muy contenta al enterarse de su decisión, por que de lo contrario sería la única de la promo que se quedaría de sus compañeros.
__Si pues, por eso lo hago.
__Entonces, mañana tienen que estar un poco antes de la hora, como Mirian es la brigadiera tiene que registrar a los que viajen.
__Así será profesor. Ya me voy hasta mañana.
__Hasta luego señor Aurelio.

El viaje estaba previsto para las dos de la mañana, pero como se presentaron imprevistos, se retrazó hasta las tres y media. Mirian registró el nombre de sus compañeros que juntamente con tres papás y dos profesores hicieron un total de cuarenta. Partieron del poblado en una custer seminueva, previendo llegar a la frontera alrededor del medio día. Cruzaron por la Coipa en cuarenta minutos y tras descender por la sinuosa carretera orillando el río Tabaconas llegaron a Tamborapa en menos de tres horas.

Sin detenerse prosiguieron por la vía que va al norte, pero antes de las ocho desayunaron en San Ignacio.

El correr fastuoso de la custer, el chirriar de frenos y los cloqueos de las cuatro llantas parecían enfurecer al viento que al cruzar de este a oeste o de sur a norte, les golpeaba de súbito el rostro de los viajeros; pero éstos, tan emocionados por llegar a Zumba, ni al viento, ni al sopor le tomaban importancia. En el distrito de Namballe sólo pararon para estirar las piernas, pero ante la magnanimidad del suelo fronterizo, se quedaron otros minutos hasta probar las olorosas guanábanas, que se expendían provocantes al igual que las trasminantes piñas y otras frutas propias de la zona.

Con un perpetuo sol llegó el grupo a la Balsa alrededor del medio día. Las aguas del río Canchis, calmadas se deslizaban dividiendo a los dos países. En nuestro territorio estaba la policía controlando, mientras que en suelo ecotoriano, el control lo hizo los militares. Cada viajero recibió un ticket para poder abordar la ranchera (unidad de tránsito que utiliza los ecuatorianos) que para llegar enhorabuena, sin detenerse se enrumbaron para Zumba.

El primer pueblito que conocieron fue el Chorro. A Mirian le llamó la atención la geografía y sacando una libretita anotó lo que veía; igual hizo cuando llegaron a Chonta; pero al arribar por el Tablón se sumó al grupo que gritaban de esta manera: ¡¡¡ Heeee!!! , saltando sobre el chasis del carro, por que a un kilómetro se divisaba el pueblo de Zumba, con sus casas de cemento ordenadas en angostas calles.

Centenares de lugareños se han reunido para esperarlos, pero la oficial recepción lo(s) hicieron los maestros con sus alumnos del colegio que tan dignamente lleva este nombre “Manuel Saens”. Hubo una solemne ceremonia protocolada por ambos himnos: El ¡somos libres ...! del Perú y el ecuatoriano. Se vertieron elocuentes palabras tanto por los maestros así como por los alumnos en procura de engalanar a los jaenos.

Esa misma tarde visitaron la plaza de armas, fotografiaron la arquitectura de la iglesia, también el municipio entre otras instituciones. Y así culminaron la tarde del 23 de septiembre con un emocionante encuentro de fulbito y voley.

Por la noche formaron parte de un acudido pregón de jóvenes venidos desde Zumba y Loja. Recorrieron las principales calles, pero al concentrarse en la plaza, entonaron himnos de paz con regocijo:

...Escuchen pues nuestras voces,
que ansían la paz,
peruanos y ecotorianos
¡Somos hermanos!

Señores autoridades
no a los conflictos,
luchemos todos unidos
construyendo paz.

¡Queremos la paz hermanos!
¡Queremos la paz!...

...Así se fueron repitiendo el coro hasta generarse una gran euforia, que repercutió entre todos los presentes. Entonces niños, jóvenes y adultos cantaron y abrazáronse con los peruanos, mientras la luna se transpuso en el celaje oscuro y con todas las estrellas irradiaron carcajadas de luz candorosamente.

En la mañana siguiente después del desayuno, se dedicaron a visitar otros lugares, en tanto que de soslayo un apacible sol les miraba desde el azulado cielo. El profesor acompañante que voluntariamente hacía de guía, narró un pedacito del pasado ecuatoriano. __Por aquí pasó Huayna Cápac,__ dijo, mirando al cenit que se perdía por el norte,__luego se instaló en la ciudad de Quito formando su imperio al desposarse con la hija del último cacique...

Al medio día la delegación fue despedida con un programa especial en los ambientes del municipio. Educadoras presentaciones folklóricas, propias de la zona les ofrecieron; mientras que los visitantes hicieron lo propio con singular empatía. A Mirian que era el brigadier del colegio “Pedro Ruiz Gallo” le tocó hacer el agradecimiento; pero para dejar impregnado el mensaje de unidad que necesita nuestro planeta, lo hizo declamando un poema del inmortal Vallejo; que si más no lo recuerdo, así terminó con estos versos:

“... Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon, el cadáver les vio triste,
emocionados incorporose lentamente,
abrazó al primer hombre y echóse a andar”.

Finalmente se presentaron hermosas danzas, que a los ecuatorianos les gustó y confundidos como un solo pueblo se vio vivir estos momentos:
__¡Bravooo ! ... Un estruendoso aplauso brotó de las tribunas, mientras las seis parejas aparecían a escena. Los varones vestidos de pantalones blancos y ponchitos rojos hasta los codos, miraban apuestos tocando el suelo con la planta de sus llanques en un ritmo de tres compases; mientras que las mujeres encabezadas por Mirian vestidas de blusa blanca y falda recta de color oscuro, repetían el mismo paso pero con más delicadeza, hasta quedar frente a frente con sus parejas formando dos columnas. Luego cambiaron varios pasos al compás de la zampoña y quena que sonaban en el sanjuanito, al final hicieron el círculo coreográfico y abandonaron la escena, mientras los aplausos se repetían con mucho ahínco.

El maestro de ceremonia se refirió a la etimología del sanjuanito que bailaron, pero aún emocionado con el colorido folklórico, anunció la nueva participación de los danzantes: __Ahora señores y señoras con ustedes nuevamente el elenco de danzas de nuestro hermano país peruano, para presentarnos ¡el tradicional carnaval cajamarquino!

El sol radiante del comenzar matutino ojeaba quieto desde lo alto, sin importarle su retrazo, para cubrir el cenit del occidente; mientras los bailarines tocando silbatos y adornados de coloridos ropajes, reaparecieron en una hilera extensa, cogidos de ambas manos. __¡Qué hermosas polleras! ¡Qué tal ponchos de cintajos colores!__, se decían los zumbeños aplaudiendo estentoreamente, hasta quedar estupefactos con el estruendo de los globos al reventarlos, cual si fuera balacera, pero los doce artistas dispersándose como una ráfaga de fuego afectivo, abrazaban a los presentes para llevarlos hasta el centro y así bailar sin verecundia tal como lo exige la coreografía de los carnavales. Todo fue muy espontáneo que los profesores, ni autoridades pudieron evitarlo, así que todos se contagiaron del folklore peruano y sin darse cuenta bailaron y se abrazaron como hijos de una sola tierra...

Lic. Jorge E. Espinoza Fernández

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